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Para desmenuzarse empiece por el segundo paso: desdoblar la capa prima que soporta la propia multiplicidad. Siga sin retraso dando luz al punto de partida: reconocerse como la figura de un ‘bis’ que se comprime y se transforma en embutido titulado identidad. Tenga cuidado con las pieles descubiertas -no olvide que desdoblar es hacer ajenos-, si sus menuzas se frotan demasiado pueden volverse maraña.



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